Democracia y discapacidad

Democracia y discapacidad

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Hace unos meses tuvimos en España una cita electoral, concretamente votábamos a nuestros concejales y diputados autonómicos, la siguiente posibilidad de participar democráticamente mediante el voto la tenemos el

próximo 9 de marzo en unas elecciones generales.

El acto de introducir el voto en una urna y la limpieza de los resultados es una de las principales diferencias entre un sistema democrático y otro que no lo es. Es un rito que en muchos países ha costado mucho conseguir (sin ir más lejos en el nuestro) y que no siempre se le valora en su justa medida. Hay quien considera, como Eduardo Haro Tecglen, que "la democracia, como la libertad o la felicidad no existe, se aspira a ella, es un objetivo, una aproximación continua"; y hay quien opina, como Xavier Salas, "que la democracia es un bien de lujo, a medida que te haces rico compras libertad política". Evidentemente no es un mecanismo perfecto, ni mucho menos, pero yo comparto la idea de los que dicen que es el mejor de los sistemas conocidos.

Sin embargo, una de las características de la democracia, seguramente la más importante, es la participación, y no estoy hablando sólo de votar cada cuatro años, me refiero a la implicación de los ciudadanos en todo aquello que les atañe. Sé que son malos tiempos para la lírica, y que el modelo de vida que llevamos y nuestras prioridades no pasan mayoritariamente por participar de forma activa en los partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos o culturales, consejos municipales, y ni siquiera en nuestras comunidades de vecinos que es donde vivimos. Nos buscamos mil argumentos, todos negativos para descalificar, a veces con razón, a estas entidades y así justificar nuestra falta de participación. Nuestro individualismo nos puede. Sin embargo es imprescindible esta implicación, pues las organizaciones sociales fuertes sirven de control al poder y facilitan que lo cotidiano funcione mejor.

Las entidades políticas representativas, como la propia palabra indica, nos representan a todos, pero quien tiene más fuerza se le oye de una forma más nítida y clara que quien es débil o no está suficientemente organizado. Por ejemplo, la mujer. Hasta hace unos pocos años su presencia en las instancias de poder era ridícula, algo que muy lentamente se va corrigiendo, sobre todo en el terreno político, donde la obligación de una representación mínima basada en el género ha permitido que el número de mujeres se haya incrementado notablemente en parlamentos y ayuntamientos. Ésta mayor presencia de la mujer en el quehacer político le ha permitido ir suprimiendo, poco a poco, la ancestral discriminación que ha tenido que sufrir. ¿Qué ocurre con otros colectivos como el de las personas con discapacidad? Pues que dependen de la buena voluntad o nivel de concienciación de quién manda y de la capacidad de presión que se pueda hacer desde fuera, porque la presencia de personas de este colectivo en puestos de representatividad política ha sido más bien escasa y con poca capacidad de influir. Y eso que no nos podemos quejar, pues el avance legislativo y social de los últimos años ha sido notable. Lo cierto es que la participación de las personas con discapacidad en política ha sido prácticamente nula, pues su punto de partida era de una gran desigualdad por las carencias del colectivo en todo lo que se entiende como vida plena (educación, empleo, familia propia, movilidad, ocio, etc.), y su falta de implicación en lo cotidiano no es diferente al resto de la población. Aunque todo esto no justifica, ni mucho menos, la escasísima presencia de candidatos con discapacidad en posiciones de salida en las listas electorales de todos los partidos, sin excepción.

Sin lugar a dudas es un elemento a corregir en el futuro. No se trata de que todos los grupos sociales tengan un número de candidatos en las listas según su presencia social, pero sí de que estén suficientemente representados como para defender sus intereses o participar en la toma de decisiones sobre asuntos que les afectan.


José Luis Fernández Iglesias

Periodista

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