Un día en el fútbol

Un día en el fútbol

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Corría el año 1.996 y como aficionado al fútbol decidí a ir a ver el partido de semifinales de la Copa de la UEFA entre el F.C. Barcelona y el Bayern de Munich.

Aún recordaba con desagrado un partido homenaje a Migueli, el cual lo tuve que ver con un grupo de

lesionados medulares, (estaba en plena recuperación y adaptándome a lo que sería mi nueva vida en el centro de parapléjicos Guttmann).

 

Ese partido homenaje fue una señal de lo difícil que podría ser volver a la jungla de asfalto esta vez, con una silla de ruedas. Pequeños detalles que quedan inadvertidos cuando puedes moverte con tus piernas, salen como la mala hierba y debes saber usar el machete para arrancarla una y otra vez.

 

Nos alojaron a pie de campo, donde lo único que se podía ver eran botas clavándose en el verde césped, al decir pie de campo era exactamente nuestras cabezas a la misma altura del terreno de juego, como si estuviésemos tumbados boca abajo en la playa, donde lo único que ves sin forzar el cuello son pies que te tiran arena encima, si fuerzas el cuello puedes ver las caras de los dueños de esos pies, pero no fuerces mucho tiempo si no quieres recordar una semana y preguntarte ¿Valía la pena ver esa cara y ese cuerpo para tener estos dolores cervicales?. Ahí tú puedes elegir levantar la nuca o levantarte para ver todo el panorama, si luego te duele el cuello recuerda que decidiste estar tumbado.

 

La experiencia fue bastante traumática, ya que lo único que pude ver fueron esos 5 pases entre los defensas, olvidándome de intentar ver el segundo saque de esquina para ver quién remataba y como lo hacía.

 

Seis años después acudí de nuevo, era un partido interesante de ver. Para aquellos tiempos habían habilitado zonas para usuarios de sillas de ruedas detrás de las porterías, podías elegir gol norte o gol sur, todo pintaba muy bonito para poder disfrutar como un aficionado mas. No hace falta decir que la emoción me embargaba mientras nos dirigíamos al Nou Camp, tenía olvidada la experiencia ‘’Homenaje Migueli’’ para dar una oportunidad a nuestras nuevas ubicaciones.

 

Bocadillo de jamón acompañado de una bota vino dando color nuestras bufandas azulgranas, todo iba perfecto una hora antes de comenzar el partido, la visión era perfecta mientras observamos como se iba llenando las gradas, todos iban a sus respectivos asientos llenando poco a poco de color y cánticos el estadio.

 

A punto de comenzar el partido se va diciendo por megafonía la alineación de los equipos, momento en el que me di cuenta de que iba a ser otro fracaso para mis intereses, por cada nombre de jugador del Barcelona los aficionados se levantaban de sus localidades, momento en el que el terreno de juego desaparecía de mi campo de visión para ver coronillas y espaldas, hay me pregunté en silencio, ¿esta es la zona adaptada?, ¿pago para ver fútbol o nucas?.

 

Mi temor se hizo realidad en el minuto 2 de partido, a cada llegada al área de cualquier equipo todos los aficionados sentados delante mío, se levantaban para… no lo se la verdad, pero para joderme a mi seguro, ya que todo fue un monólogo de espaldas y pases en mitad de campo. Fueron 90 minutos de autentico sufrimiento, donde comprendí como se siente un invidente, tan cerca de ver y tan lejos de poder hacerlo.

 

El bocadillo se vino conmigo a casa con el pan tan revenido y seco como mis sentimientos. Volviendo a casa recordé el bombo que dieron cuando por todos los medios de comunicación alababan al club por haber puesto en sus instalaciones unas zonas para parapléjicos. De nuevo la moto la vendieron de manera excelente y un servidor como muchos otros caímos como verdaderos primos. No he vuelto a ir a un campo de fútbol desde aquel ya lejano año del ’96.

 

Lo que saco de positivo de esa experiencia fue que se me ocurrió grabarlo en video, ya que fue televisado, para ver si por alguna de las casualidades de la vida alguna cámara me enfocaba y me captaba para la posteridad en la televisión, no fue así, pero lo que si pude ver fue… ¡¡¡ el partido !!!, y lo hice con un bocadillo de jamón que me metí entre pecho y espalda y después un fresco cubalibre para celebrar que mi zona adaptada no me impidió perderme nada de esos 90 minutos.

 

Toni Mazuelas

 

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