Melania y el 8 de marzo.

Melania y el 8 de marzo.

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Melania y el 8 de marzo.

 

Hace unos años pude conocer a Melania. Su sonrisa, su talante y su exquisita educación la hacían diferente. Había nacido en una familia humilde. Ella se había empeñado en estudiar y gracias a  unas becas pudo acabar sus estudios universitarios.

 

Cuando nos conocimos tenía dos hijos pequeños y había dejado de trabajar. Su tiempo lo ocupaba en seguir aprendiendo y cuidar de su familia.

 

Una tarde quedamos en una cafetería de una céntrica calle de Barcelona. Sus ocurrencias, sus anécdotas y su contagiosa carcajada, nos infundía a las demás una gran admiración y un profundo respeto.

 

Era  un 8 de marzo y el camarero que nos sirvió nos llevó unos caramelos. Mientras los ponía en la mesa nos dijo: “este es el regalo a las mujeres trabajadoras en su día”.

 

Melania, en ese momento, borró su sonrisa y dijo: “derechos de la mujer… ” La expresión de su cara, el tono de voz y el suspiro que puso punto final a su interrumpida frase, aún los recuerdo.

 

Su vida había cambiado hacía muy pocos años. Una enfermedad degenerativa le había llevado a una acelerada pérdida de visión. Había estudiado arquitectura técnica y trabajaba para una gran empresa promotora... Este trabajo, por razones evidentes, lo había tenido que dejar.

 

Su calidad humana, su fortaleza y su tesón, la hicieron salir del bache pronto. Asumió su discapacidad, la aceptó y comenzó su nueva vida. Su deseo de salir adelante le llevó a conseguir una autonomía importante. Como ella dice: “menos planos de viviendas, puedo hacer casi todo lo demás”.

 

Mientras miraba los caramelos que nos había dejado el camarero sobre la mesa, repitió: “Derechos de la mujer…” Hizo una pausa y a continuación preguntó: “¿Y los derechos de la mujer con discapacidad?”

 

Con uno de los caramelos en la mano, continuó diciendo: “Yo soy una privilegiada. Pude estudiar, conocer el mundo y defenderme, antes de que me visitara la discapacidad. Pero son muchas las mujeres que no han tenido esa suerte. Primero les ha tocado la discapacidad y lo demás no ha llegado… “

 

Han pasado unos años y cada 8 de marzo no dejo de pensar en la mujer con discapacidad, en sus derechos y en los grandes obstáculos que rodean su acceso al trabajo. No dejo de pensar en las grandes barreras que se le presentan para tener la preparación que les permita obtener ese puesto de trabajo que desean… No dejo de pensar en los grandes problemas que se suman al binomio mujer y discapacidad.

 

Cada 8 de marzo pienso en Melania y en mi mente la veo cuidando de sus hijos, llevando su casa, trabajando, luchando por los derechos de las mujeres con discapacidad…, y ciega. Recuerdo siempre sus palabras cuando decía que era una privilegiada porque primero pudo estudiar...

 

Y sus palabras me dan vueltas en la cabeza…

 

¿Cuándo llegará ese 8 de marzo, en el que podamos celebrar que la mujer con discapacidad, goza de una plena igualdad?

 

Ana Mengíbar

© 2008 InfoSerVid S.L. Optimizado para Firefox, Safari e IE7 This is a free Joomla-Template from funky-visions.de

Nuestra Revista

Donaciones

NOS AYUDAN

Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner