E. H. SANTA CRUZ DE TENERIFE
A usted, para el que afortunadamente sólo será un juego , le invitamos a pararse en cualquier punto de Santa Cruz de Tenerife. Una vez allí cierre los ojos y dé un sólo paso...
Ese miedo que le invade... no vale. "La ciudad no está hecha para cobardes", bien lo sabe uno de esos "valientes" que se "juegan la vida" en lo que los que tienen los ojos sanos ya definen como "la jungla" comparando secuollas con rascacielos. Pero ¿y si Tarzán fue perdiendo la vista desde que era un bebé por un glaucoma y cuando llegó a la selva lo único que llevaba en su cabeza era el recuerdo de los colores? Algunos sólo se los imaginan porque "los ciegos somos... como los gordos, todos diferentes".... Guapos, feos, simpáticos, malos, buenazos, con perro guía, o con ayuda del codo de un amigo o la familia. Antonio Acosta es el jefe del Departamento de Servicios Sociales en la Dirección Administrativa de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles) de Santa Cruz de Tenerife, un Tarzán que no se cuelga de las ramas ya que ni siquiera puede esquivarlas, y la persona que, el pasado martes, le entregó al alcalde, Miguel Zerolo, un informe para la "mejora de la accesibilidad en la zona centro y casco histórico de Santa Cruz de Tenerife" elaborado por el técnico en Rehabilitación de la ONCE, Benito Codina.
La respuesta de Zerolo, tajante, según Acosta, ya que "casi exigió" que estas barreras para ciudadanos con problemas de visibilidad (un contundente 15% si se extrapolan los datos nacionales) se eliminen "de inmediato". El dossier, en manos ya de los responsables de Obras Públicas y Servicios Sociales, comprende el "primer" medio centenar de puntos... "¿Y por qué no 300?", preguntó Zerolo, sabiendo que los hay, y que se deben eliminar. Puntos que no son "negros" por motivo evidente... (a Antonio y a la gran mayoría de las personas que padece ceguera no les molesta la crueldad de un lenguaje hecho para el homo videns: "yo mismo digo, voy a ver el fútbol"). Y puntos a los que, "por primera vez", se les pone "nombre y apellidos".
No es un decir cuando un invidente se encuentra con mojones, esos pivotes, en demasiadas ocasiones de una aleación maciza, hechos para evitar que los coches aparquen sobre las aceras (otro de sus problemas), pero Antonio los ha bautizado y, ya casi todos, los conocen como mataciegos.
No fueron pocos los que se encontró este diario cuando acompañó a Acosta por la mañana desde la oficina hasta su casa, o cuando por la tarde fue a dar con él un paseo desde la vivienda, en la zona del mercado, hasta la, ya no tan cercana plaza de España, si uno tiene la capacidad de empatizar (asegura el Jeremy Rifkin que es la era del homo empaticus) convirtiendo sus ojos en los del otro. Antonio cambia la jungla por el lejano oeste pero es de los que prefería ser indio a vaquero y diferencia entre el "territorio comanche", el que ya ha recorrido tanto que casi no le hace falta el bastón, ["voy con los ojos cerrados", bromea] y el territorio sioux, por el que si no cruzas con cuidado, te puedes clavar la esquina de una cabina sin base, engañando así al bastón, para que el costado se confié y como una flecha, la parte que sobresale de la pared penetre en el pecho. O acabar en medio de la calzada tras comprobar por el sonido de las pitas que sólo la suerte ha evitado que una caravana de vehículos te arrolle por culpa de un pretil de acera que, al tacto del bastón, es idéntico al del suelo reservado para los coches. O... Mire -otra vez el cruel lenguaje-, cierre los ojos en cualquier punto de la ciudad, camine, y lo entenderá.
Mientras, el próximo objetivo de la ONCE tinerfeña es realizar un informe de La Laguna. España, "es un paraiso si hablamos de leyes para personas con algún tipo de discapacidad, ahora sólo falta que se cumplan", en un país en el que son otros los que juegan a cerrar los ojos. |